Por qué es mejor el 20 que el 19
He hecho una publicación en mis dos cuentas de Instagram y en Facebook, donde comuniqué, finalmente, que “Dos soles que arden sobre el avhid”, saldrá a la venta, en Amazon, el 20 de octubre, es decir, dentro de poco más de dos semanas. Inicialmente, había pensado el 19 de octubre, pero viendo, una noche, durante la cena, la película “The Wolf of Wall Street”, en Netflix, me di cuenta que el desastre en la Bolsa de New York, el Lunes Negro que lleva a la quiebra a decenas de firmas y que arroja a Jordan Belfort a buscarse otro trabajo, ocurrió, precisamente, ese día, el 19 de octubre. Me eché a reír cuando lo vi, así que decidí cambiar la fecha de la publicación del libro, al día 20. ¿Por qué? Sólo por un juego extraño con la vida o con la casualidad, porque precisamente, sin habernos puestos de acuerdo, la película y yo, habíamos señalado el día 19 de octubre como un día importante, sólo que tanto como para mí éste podrá ser un gran día, para los personajes de la película fue, exactamente, lo contrario.
Seamos aún más transparentes: había pensado, antes del 19, en el día 8 de octubre, porque me gustó el sonido de la fecha: tuve que descartarlo, porque coincidía con el cumpleaños de una amiga; lo mismo pasó con el día 16 y 17; el día 10 también me pareció atractivo. Al final, me había decidido por el 19 sólo para poder estar en todos los cumpleaños que tendré este mes.
Sinceramente nunca he publicado nada, así que no sé cómo comportarme ni de qué manera debería celebrar este evento tan importante. Lo máximo que lograré hacer, creo, es ir al restaurante chino de confianza, con mi novia, a comerme una zuppa agropiccante, unos involtini primavera fritti e freschi, y unos ravioli al vapore. ¡Y que sea lo que Dios quiera! ¿Quizás deberíamos hacer un brindis? No estaría de más.
Me sería más fácil ayudar a otros a resolver el problema de la publicidad, que hacer el trabajo para mí mismo. Me pasa igual con la cocina: mientras tenga que cocinar para otros, todo bien: hago primeros y segundos platos, sin problemas; si tengo hambre, y estoy solo, en cambio, prefiero algún snack, tipo semillas de calabaza, y un par de vasos de agua con gas o unas fetas de pecorino romano o de algún otro queso. Sé que mi forma de ser, en ese sentido, podría generar algún corto circuito en algunas mentes, incapaces de asimilar que, a pesar de yo ser un artista, no me importe ser el centro de la atención y que prefiera dar a los demás algo, antes que acumularlo para mí o gustármelo.
Hoy es 4 de octubre del 2026, son las tres de la tarde, aquí en Roma.
P.S. La foto con el manuscrito fue algo que escribí para promocionar el libro en Instagram y que luego no usé, por obvias razones.