Esperar es más dulce si sabes ya que el final será venturoso
Para publicar un libro en Amazon, tienes que hacer mil cosas, entre las cuales, elegir el papel del libro, la cartulina de la portada y contraportada, la dimensión, el precio, el mercado, etcétera. Me llevó semanas poder completar los campos con las respuestas. Una vez terminadas, dejé todo así hasta clickear el botón que pondría el libro a la venta. Sobre la fecha, ya os conté cómo es que decidí el día 20 de octubre del 2026, lo que ahora voy a contaros es por qué Amazon se echó a reír cuando elegí un día específico.
Es como cuando, de niño, decías que sí a algún amigo cuando te invitaba a su fiesta de cumpleaños, sin haberle preguntado primero a tu madre, que, sin importarle las consecuencias devastadoras que su sentencia tendría sobre ti, en el futuro, cuando te veía vistiéndote para salir, te decía: “tú no vas a ninguna parte “.
Y no ibas.
He esperado dos días desde que apreté el botón de publicar y todavía Amazon no ha aprobado el libro. Seguramente, cuando publique este post, ya todo se habrá resuelto pero, desde este punto en el tejido cronológico de mi vida, todavía sigo esperando. He revisado mil veces mi correo electrónico y Amazon no me ha enviado nada. ¿Publicaré el 21 o el 22? El 22 tengo una cena con amigos, donde habré de cocinar yo. ¿Qué esperas, Amazon? Me hace reír la cosa y la situación me recuerda a esa película con Will Smith, Hitch, donde su personaje se intoxica en una cena de mariscos, y la piel de su cara se termina hinchando como un globo. Junto a su compañera, la actriz Eva Mendez, van a una farmacia y compran una especie de juguito morado, un fármaco que se bebe con pajuela, y Will, todo hinchado, bebe y bebe la medicina y grita a su cara, que ve desde un espejo: “come on!!!”, apurándola para que se deshinche. Yo estoy gritando, dentro de mí, la misma cosa, y mirando el correo mientras lo repito, pero nada ocurre.
Son la 1:09 del 21 de octubre del 2026, y fuera está lloviendo a cántaros.
