Todo lo que vemos e imaginamos
La hermana de mi amiga, la del sueño que conté en mi post precedente, nos llamó ayer y quedamos en que iremos, todos juntos, el viernes al restaurante chino Hang Zhou, un restaurante famoso que queda en el barrio multicultural entorno a la plaza Vittorio Emmanuele. La coincidencia que nos llamara justo después que la vi en mi sueño, es bastante curiosa, pues no nos vemos desde finales del verano pasado. Creo sólo que, a veces, el subconsciente advierte la electricidad en el aire y genera esas visiones nocturnas o mejor, como decía Edgar Allan Poe: "Todo lo que vemos o imaginamos no es más que un sueño dentro de un sueño". Quizás creemos estar despiertos y nos engañamos sólo con hallar racionales las direcciones en que caen los objetos, gracias a la lógica cruda de la gravedad.
En relación al librito, a Dos soles que arden sobre el avhid, está casi listo. No he terminado la ilustración de Endeh, el gato de pelaje gris, porque no he tenido tiempo, pero no importa: creo que pediré otra estampa de prueba de Amazon, a ver qué tal viene ahora, mientras termino la ilustración y lo demás. Espero que esta vez la portada salga mejor, sobre todo la contraportada.
El impresionismo es un arte que se te queda entre las venas, sobre todo por su concepto: la pintura al aire libre. Es una actividad muy hermosa que casi siempre he hecho en solitario, pero que se acostumbra a practicar en grupo. Quiero vivir en paz, con aire puro que me circunde y grandes extensiones verdes entorno a mí, y así pueda dedicarme mejor a la pintura, a la escritura y al arte en general, en una casa enorme provista de grandes ventanales. Quizás la luz de la primavera está abriéndome los ojos y haciéndome declarar el bien.
Cada vez más, veo que escribir es una terapia para mí. Escribo cantidades de notas, sobre las cosas que me ocurren, y mientras más me tocan, más las dejo clavadas en las páginas de mi ordenador o de mi teléfono.
La luz es tanta, desde donde os escribo, que acabo de colocar, fuera de la ventana, en la terraza, una botella con sal condimentada con hierbas, para que se seque con el sol. Le coloqué, encima, una servilleta, que agujereé con la punta de un termómetro de cocina, para que el vapor de las verduras pueda salir por allí.
En relación a mi nueva obra, sigo atascado en el final. Comencé a describir un conflicto bélico, político, entre dos potencias y todavía no he terminado de conformar bien el panorama.
La foto que aparece al principio de este post, la tomé en noviembre del año pasado, en un parque natural que se encuentra cerca de donde vivo. Hoy es 3 de marzo y tengo un vaso lleno de té caliente, a mi lado; también, la paleta provista de los colores, los pinceles, que reposan junto a mis grandes deseos de vivir. Son las dos y dieciocho de la tarde, hora romana.

