Nuevas sobre "Dos soles que arden sobre el avhid": pistas sobre cómo emerger de entre el oleaje
¿Cómo estáis? He estado, como siempre, inmerso en mil situaciones que me han tenido algo lejos de este blog, pero os juro que no he estado inactivo, en cuando a literatura se refiere. Como ya os he dicho, he iniciado a dividir La Nocturna Deidad, para poder publicarla. Tomé dos capítulos del libro, los dos primeros, escritos en primera persona y de manera autobiográfica, y los transformé en un librito independiente. Luego, escribí una suerte de prólogo, a modo de mise in abyme, e hice que el personaje que narraba los hechos descubriera el librito anteriormente mencionado. Por sugerencia de Raquel, mi querida correctora, escribí una segunda parte al prólogo, una continuación. El ejemplar que quisiera publicar, se divide en tres.
La primera parte, narrada por un personaje llamado Maestres Camend; la segunda parte, la constituye la narración retrospectiva y autobiográfica del personaje Eren Thintie; la tercera parte, es la continuación del relato emprendido por Maestres, sólo que contado por un nuevo narrador, llamado simplemente Miries, el cual es uno de los personajes secundarios de La Nocturna Deidad.
El primer y tercer relato forma parte de una historia independiente. La parte media, en cambio, toma el nombre que halla Maestres escrito en la tapa del librito, que sería el mismo que Eren Thintie dio a su diario y que he colocado como título: Dos soles que arden sobre el avhid.
En pocas palabras, para entrar en el mundo de los libros, he usado dos historias que pueden ser tomadas separadamente. Publicaré el libro a través de Amazon. Rechacé tres editoriales que me escribieron para publicarlo, a las cuales había escrito a ciegas, encontrando sus direcciones en internet. No quise, luego, trabajar con ellas, porque tenían olor a esas, digamos, “instituciones”, que piden contribuciones para las publicaciones o exigen que uno se asuma la responsabilidad de la venta de cien ejemplares, o que realice un crownfunding para pagar los gastos de edición y demás. No tengo vida para esas cosas, así que a dos les dije que no, cuando me hicieron esas propuestas, y a la última no le respondí.
He hecho la portada, la contraportada y varias ilustraciones más, y también he corregido el libro de prueba. También realicé la maquetación. Digamos que fui a pescar, limpié y cociné la sardina y no me queda más que comérmela.
Mi vida atraviesa un período bastante sacudido y podría decirse que he caído en los excesos de una mente hiperactiva: análisis, especulaciones sobre los eventos, búsqueda de más información de la que debería; indagaciones aquí y allá, pensar luego en varias soluciones, repasar conversaciones con gentes de mi vida, las de antes y las de ahora; trazar márgenes, a veces, cometiendo, en el proceso, muchos errores. Vivir a veces es un juego de ajedrez y, en los momentos peores, hay quienes se quedan, junto a ti, a comer pistachos cerrados en su concha (en Sicilia, esto representa la imagen de la incomodidad por antonomasia), soportando las menudencias del error, el desliz, el desvarío. Una mente hiperactiva, naturalmente agitada, alarga patadas, puños y no pocos codazos, como cuando uno que ha resbalado desde la popa, intenta luego nadar hacia la superficie, entre las olas espumosas y gorjeantes, que se le resisten. Leí hace un par de semanas que, cuando uno ve que alguien se está ahogado, no se encuentra en el momento indicado para recibir de alguno enseñanzas sobre cómo debe hacerse para poder nadar. En la foto que he colgado, aparezco haciendo un bosquejo e imitando la pose del Danubio, en la Fontana dei Quattro Fiumi, en Piazza Navona, Roma.
Son los amigos —diría pues, para cerrar este post— quienes se quedan a pesar de todo y a pesar de nada; agradezco, pues, a esos amigos, porque, como he dicho en otra parte, sin ellos, quizás, en qué fosa me encontraría ahora.


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